domingo, 4 de marzo de 2012

Los moradores prerromanos abandonan la Sala del Duque


Más de 6.500 personas han pasado por la Sala del Duque del Museo Provincial durante los últimos meses. La exposición “El Alto Tajo antes de Roma” , que se inauguró el pasado 24 de noviembre y tenía previsto su clausura el 29 de enero, se despidió ayer después de ampliar su estancia en Guadalajara ante el interés que ha despertado entre los visitantes
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El desarrollo de la minería en marcó la Edad del Bronce y del Hierro en la comarca.//Foto: Nacho Izquierdo

Los pobladores prerromanos de la comarca de Molina de Aragón y el Alto Tajo abandonaron ayer la Sala del Duque del Museo Provincial, donde, durante los últimos meses, han cobrado vida a través de objetos cotidianos: hachas, puñales, espadas, vasijas, fíbulas, collares, pulseras, brazaletes, urnas funerarias, etc... han contado la historia de los moradores de la cuenca superior del río Tajo desde el fin de la última glaciación, acaecida hace aproximadamente 9.000 años, hasta la llegada de los romanos a más de 6.500 visitantes. La muestra ha desgranado las diferentes culturas que han pasado por estas tierras, durante todo este tiempo profundizando en esos periodos que cuentan con más documentación como la Edad de Hierro y la Celtiberia.

“La arqueología no es mi fuerte, pero me está gustando mucho. Está muy bien documentada”, comenta Inés, una vecina de Guadalajara. “Tenía tiempo y sé que el Museo tiene exposiciones temporales que renuevan habitualmente, y me he decidido a venir a dar un paseo”, indica esta ciudadana.

Bajo el título “El Alto Tajo antes de Roma”,  esta muestra diseñada por el arqueólogo y director de varias de las excavaciones de la zona, Jesús Arenas, se inauguró hace varios años en las dependencias del Museo de Molina de Aragón,  abrió sus puertas el pasado 24 de noviembre, completando la muestra con los fondos que tenía de la zona el Museo Provincial. Tenía prevista su clausura para le 29 de enero, pero en vistas del éxito cosechado, se decidió alargar su estancia en las dependencias ducales hasta ayer.

Según explican desde el Museo Provincial, a lo largo de los últimos meses han pasado por esta muestra visitantes de casi todas las provincias de la geografía española y de un sinfín de países: “En el último mes hemos tenido visitantes de Escocia, Italia, Chile, Brasil, California, Méjico, aunque la mayoría son españoles, sobre todo madrileños”, comentan. “También ha venido mucha gente de la comarca de Molina de Aragón y el Alto Tajo, interesándose por esta exposición en concreto”, añaden.

“Venimos un grupo de Madrid y de Oviedo. Hemos venido a conocer Guadalajara y sus monumentos, y nos hemos encontrado con esta exposición”, comenta Matilde, otra de las visitantes.

Victoria afirma haber acabado en esta exposición “por casualidad”. Casualidad que quiso que pararan en Guadalajara a ver el Palacio del Infantado cuando iban de camino a Cogolludo, justo el último día de esta muestra. Y a las puertas fueron recibidos por una imponente imagen de los diablos de Luzón, cuando Carlos, su pareja, nació en esta pequeña localidad molinesa. No les resultan extraños los objetos, “solemos recorrer a menudo esa parte de la provincia y, por ejemplo, hemos visitado el castro de Herrería”, relata esta madrileña.

Más atraídos por las pinturas murales de Cincinatto, David y Beatriz pasean por las salas del museo. “Venimos desde Madrid”, comentan a este periódico, al mismo tiempo que reconocen que la muestra “es muy interesante”.

El Alto Tajo antes de Roma ha contado a los guadalajareños aquello de lo que  poco dicen los libros de historia. No habla de reyes, ni de grandes gestas, sino que desentraña el modo de vida de gentes corrientes: “gentes que hablaban lenguas distintas y tenían cultos diferentes, aunque seguramente, esperanzas parecidas a las nuestras”,  relataba el primer panel de esta muestra. “Ha gustado mucho a la gente mayor, porque hay instrumentos que son muy parecidos a los que ellos empleaban antaño”, comenta Juan Pablo, uno de los responsables de la exposición. “Hay que tener en cuenta que las cerámicas celtibéricas son de muy buena calidad, al igual que los metales. Además, esta zona es muy rica en ese sentido, sobre todo en hierro y cobre”, ilustra Juan Pablo, que además ha dirigido algunas excavaciones de la zona.

“La arqueología es un tema que siempre llama la atención a los visitantes”, añade el responsable.

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Maqueta de un poblado celtibérico.//Foto: Nacho Izquierdo

Sobre la muestra
El proceso cultural que abriga el contenido de esta muestra arranca hace 7.000 años, cuando las comunidades de cazadores-recolectores, herederas del Paleolítico, entran en contacto con los primeros grupos de agricultores neolíticos. Se inicia entonces la competencia por los recursos existentes en el territorio, lo que va a quedar reflejado en las pinturas rupestres halladas en las paredes de algunas cuevas de la zona. El control por los pastos y los abundantes recursos minerales son determinantes para entender los periodos de la Edad de Bronce y de Hierro. 

    La arqueología ha desvelado cómo eran los poblados en aquella época, las cerámicas y otros objetos fabricados por las gentes que los habitaron, incluso sus costumbres funerarias

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