viernes, 18 de mayo de 2012

La Botella se queda en blanco y se va con la música a otra parte


Botella cancela la Noche en Blanco y el concierto de Barenboim para ahorrar

El Ayuntamiento de Madrid elimina el evento cultural y el concierto estival "por falta de dinero"


“El político debe canalizar los anhelos de la sociedad y luego tomar decisiones. La toma de decisiones es un proceso doloroso”, contaba a este diario en febrero de 2002 Ana Botella(PP), entonces esposa del presidente del Gobierno, hoy alcaldesa de Madrid. Fruto precisamente de las decisiones tomadas en los últimos años por su predecesor, Alberto Ruiz-Gallardón (PP), que han achicado de forma acusada la capacidad de maniobra del Ayuntamiento, y del bofetón monumental de una crisis económica que sigue pareciendo un arma cargada de futuro, la regidora ha tenido ahora que tomar otra de esas resoluciones dolorosas. “Era o eso o abrir una biblioteca, a todo no llegamos”, ha explicado el responsable municipal de Las Artes, Fernando Villalonga para justificar que este año los madrileños se quedarán sin la Noche en Blanco y sin el concierto veraniego del director de orquesta Daniel Barenboim.
 La Noche en Blanco, un carnaval de actividades culturales gratuitas desplegado en las calles de la capital desde el atardecer hasta bien entrada la madrugada, se celebraba habitualmente en septiembre. En 2010 reunió a más de 700.000 personas en su punto álgido. Ya había visto mermar su presupuesto municipal—patrocinadores aparte— en los últimos años, desde cerca de 1,3 millones de euros de 2008 hasta menos de un millón de euros de 2010. El año pasado, Gallardón convirtió el evento en bianual para justificar su cancelación por falta de presupuesto. Ahora, con el exalcalde convertido ya en ministro de Justicia, le ha tocado a su sucesora confirmar que sigue sin haber dinero. Al menos ha evitado anunciar que se convertía en trienal.
Tras el anuncio de Gallardón, los socialistas apostaron por mantener su carácter anual aunque fuera con un presupuesto menor. Izquierda Unida atribuyó la medida a “excesos” como la inversión en el Palacio de Cibeles (más de 460 millones de euros). Sólo Unión Progreso y Democracia respaldó el cambio como medida de ahorro siempre y cuando fuera temporal.
El concierto de Daniel Barenboim era desde hace ocho años el solsticio de la programación musical madrileña. Para el recital, gratuito y celebrado a principios de agosto, se acondicionaba la plaza Mayor con 3.500 sillas, aunque cabían otras 3.500 personas de pie y normalmente acudían tantas o más.
 Esta tradición se inició en 2004, cuando Gallardón invitó al director, Premio Príncipe de Asturias de la Concordia, dentro de la programación de Los Veranos de la Villa pero con un objetivo excepcional: homenajear a las víctimas del atentado terrorista del 11 de marzo, demostrando que “el odio consume más energía que la razón”. Baremboin dirigió entonces la Orquesta de la Staatskapelle de Berlín, aunque en los últimos años se ha puesto al frente de la West-Eastern Divan, formada bajo su batuta por judíos, palestinos y españoles.
El crítico musical de EL PAÍS Juan Ángel Vela del Campo resumía así el año pasado la comunión entre el director y los madrileños: “La plaza Mayor se llena a cada convocatoria y el público recibe al maestro y sus músicos con un gran afecto. Barenboim no deja de saludar a los espectadores que se encuentran más alejados del escenario, lo que refuerza los lazos de comunicación. Lo que resulta más conmovedor de los conciertos de Barenboim en la plaza Mayor de Madrid es precisamente contemplar las caras de emoción del público que asiste, la expresión de gratitud en los rostros, los gestos de sensibilidad contenida.
El acercamiento a la música clásica que estos actos provocan es más que evidente, y a ello contribuye de forma determinante una figura carismática como las de Barenboim, a lo que habría que añadir la simpatía que emana del lado solidario de esta orquesta de jóvenes”. Ahora, la Noche en Blanco y este concierto quedan a la espera de tiempos mejores

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