miércoles, 10 de octubre de 2012

CURSO DE CERÁMICA: EL CAMPANIFORME


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Este término hace referencia a un conjunto de cerámicas decoradas que, en realidad, presentan formas, técnicas y motivos decorativos diversos, pero cuya definición ha estado mediatizada por el predominio de la forma acampanada. Desde las investigaciones de los años cincuenta, esta cerámica fue estudiada como una entidad cultural, independientemente del contexto en el que aparecía y, dada su amplia distribución geográfica se la consideró identificadora de una cultura o civilización para la que había que explicar su inicio y expansión. El mecanismo de expansión lo proporcionaba la movilidad de grupos humanos cuya actividad económica (se les consideraba pastores o bien prospectores mineros y metalurgos itinerantes) les proporcionaba el motivo para trasladarse. Al mismo tiempo, la asiduidad con la que esta cerámica aparecía asociada a otros elementos como puñales de cobre, puntas de flecha de sílex y brazales de arquero parecía otorgarles un carácter guerrero que les aseguraría el éxito. A partir de los sesenta, esta hipótesis fue reemplazada por la de Sangmeister. Mediante el estudio de las decoraciones se distinguieron dos estilos, sucesivos cronológicamente: el Marítimo, llamado también Internacional por la similitud de formas y decoraciones en buena parte de Europa, con decoración puntillada o a ruedecilla, y el Continental o Regional, con decoraciones incisas y estampadas o seudoexcisas, para el que se conocen diferentes grupos geográficos con características propias. Sangmeister defendió un origen peninsular, en los poblados de la desembocadura del Tajo, para el Marítimo y su expansión por vía marítima hasta el Rin. Tras la mezcla con las tradiciones decorativas locales de la Cerámica de Cuerdas y los ricos estilos decorativos de la cultura de Vucedol de Europa central se produjo un reflujo hacia Occidente que culminó con el desarrollo de los estilos regionales con decoraciones incisas y toda una serie de novedades que siempre se han asociado al campaniforme como los puñales de lengüeta, puntas de flecha, brazales de arquero y cuentas con perforación en V, así como la generalización de la metalurgia del cobre. Posteriormente, los trabajos realizados en el Bajo Rin y la revisión de materiales procedentes de antiguas excavaciones han tenido como consecuencia el reconocimiento de otros estilos decorativos y nuevas propuestas cronológicas.



En realidad, los planteamientos sobre la genealogía del vaso campaniforme se están demostrando estériles y se duda que todas las cerámicas que colocamos dentro de ese saco haya que entenderlas como un único problema; sólo los campaniformes marítimos responden a una idea similar en cuanto a forma y decoración allí donde aparece. Por ello, las investigaciones más recientes van encaminadas a tratar de comprender el significado y la función de estas cerámicas en sus propios contextos culturales, muy diferentes entre sí, y se ha abandonado, salvo contadas excepciones, la explicación de gentes portadoras de estas cerámicas y del resto de los elementos acompañantes.


La distribución europea de estas cerámicas no es uniforme, sino que hay muchos vacíos geográficos en los que no aparece, mientras que en las zonas donde sí se documentan lo hace con densidades muy desiguales; por ejemplo, los campaniformes marítimos presentan en el estuario del Tajo la mayor densidad de hallazgos, siguiéndole la Bretaña francesa, mientras que su presencia en el resto de la Península es por ahora bastante más minoritaria y en algunos lugares, como el SO peninsular, prácticamente no aparece esta cerámica. En lo que a metalurgia respecta, si bien es cierto que su generalización coincide a veces con la presencia de esta cerámica, hay que constatar por un lado que en la Península ya se conocía y se usaba más o menos regularmente y, por otro, que los análisis metalográficos realizados sobre objetos contemporáneos no denotan cambios tecnológicos significativos que permitan defender la llegada de nuevos conocimientos. Por otra parte, no todos los objetos asociados son de procedencia centroeuropea; uno de los elementos peninsulares que puede acompañar al campaniforme es la punta de Palmela, de origen portugués, cuya distribución es casi exclusivamente peninsular.



Actualmente suele aceptarse que esta cerámica pudo cumplir una función de objeto de prestigio, por estar asociada a algún ritual determinado o a alguna bebida concreta (se ha propuesto la cerveza o la hidromiel), y por ello entrar en los circuitos de circulación e intercambio que ya estaban trazados por la circulación de otras materias primas o producciones de calidad. Precisamente el estudio de la distribución de las diferentes materias primas permite reconocer la existencia de varios circuitos regionales que interfieren entre sí. Serían los mecanismos de circulación a través de las diferentes rutas los responsables de esa aparente unificación de territorios muy amplios y de contextos culturales diferentes. Ha sido frecuente vincular la presencia de los estilos regionales con cambios en el ritual funerario: fin del megalitismo y sustitución del ritual de enterramiento colectivo por el de enterramiento individual, junto con un mayor interés en reflejar mediante el ajuar la personalidad del enterrado, no sólo su edad y sexo, sino también su categoría social; es evidente que la distribución desigual en los ajuares de esos objetos considerados de prestigio pudo utilizarse para refrendar la categoría del muerto por parte de los vivos. Independientemente de su significado, esta cerámica se ha utilizado como marcador cronológico para dividir el Calcolítico en dos etapas, pre y campaniforme o para considerar el fin del campaniforme como inicio de la Edad del Bronce.

Carlos del Pozo y José Palacio estamos asistiendo a este curso que se imparte en el centro Cultural LOS GILITOS situado en Alcalá de Henares

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