jueves, 6 de junio de 2013

El pueblo, indignado porque Blesa está en la cárcel

Por Juan Carlos Escudier
Para que no hubiese dudas, las alarmas sociales tendrían que ser acústicas, al estilo de los avisos de bombardeo de la aviación enemiga. Así sabríamos, sin margen posible de error, si toca que nos indignemos o si, por el contrario, podemos relajarnos en las terrazas frente al tinto de verano. La intensidad de la sirena nos proporcionaría datos adicionales sobre cuál ha de ser el grado de irritación, además de darnos pistas sobre el tiempo que debemos comentar el suceso en las tertulias de los bares.
Procedimientos mecánicos de este tipo nos evitarían fallos clamorosos. Veamos. Una mujer de 26 años en el paro y con un niño de cinco años robó un móvil en 2006 y ha de ingresar en prisión porque el Gobierno le niega el indulto. ¿Es motivo de alarma? No, y por dos razones: la primera, porque es del género tonto robar móvil en aquella época, cuando las compañías te regalaban dos al ir a comprar cuarto y mitad de choped; y la segunda porque todo el mundo sabe que la mejor forma de que te indulten, aunque seas un kamikaze que acaba matando a una persona, es ir al bufete donde trabaja el hijo de Gallardón. Y si además tu abogado es el hermano del ‘popular’ Ignacio Astarloa, pues mejor que mejor.
Pongamos otro ejemplo. ¿Ha de pudrirse en la cárcel la madre que quemó vivo al violador de su hija de trece años? Por supuesto. Y nada de mohínes estúpidos porque el Gobierno no le haya concedido el indulto. ¿Razones? Pues que es de muy mala educación hacer una falla humana de un pobre violador que, en un permiso carcelario, se te acerca en un bar para preguntarte cómo se encuentra tu hija. Y porque para tramitar el indulto ya está el bufete de Gallardón jr. ¿Cuándo vamos a enterarnos?
Algo bien distinto es lo ocurrido con Miguel Blesa, al que un juez recusado y algo tarado, según la opinión del equipo médico habitual de opinadores, ha metido de nuevo en la cárcel sin fianza, porque con los veinte minutos que pasó entre rejas la primera vez no le dio ni tiempo a ver el patio. Éste es un caso donde la alarma está justificada, tanto que tendría que estar sonando día y noche a más volumen que la de la cantera de Pedro Picapiedra al final de la jornada laboral.
Lo de Blesa es indignante por múltiples motivos y uno fundamental: peligra gravemente el Estado de derecho, que tiene cimientos firmes pero no tan resistentes como para soportar que se encarcele a un honrado banquero cuyo único pecado es haber ejercido plenamente la libertad de empresa. Si se pone esto en solfa, estamos perdidos.
¿Que Blesa troceó la operación de compra de un banco en Miami para no requerir autorización alguna? ¿Y qué? ¿Acaso los pollos se comen de un solo bocado? ¿Que pagó un sobreprecio? Con un par, ¿y qué si fue de sobrado? ¿Vamos a enseñar a Noé los secretos de la lluvia? ¿Que su gestión fue, en general, tan calamitosa que el rescate de lo que luego fue Bankia nos ha costado miles de millones, que gracias a ello el país está intervenido en la práctica y que como consecuencia han pagado su tributo trabajadores, pensionistas, parados o inmigrantes, algunos de los cuales mueren de tuberculosis porque tratamos de ahorrarnos unos euros con las radiografías de tórax? Pero vamos a ver, ¿habría cambiado algo si en vez de Blesa hubiera sido otro amigo de Aznar el presidente de Cajamadrid? Seamos serios.
Un servidor está indignado con este juez sin que haya sonado siquiera la alarma del móvil. Ya está tardando la fiscalía en querellarse contra este loco de Elpidio José Silva, al que hay que apartar cuanto antes de la carrera judicial y requisarle la toga, no sea que en uno de estos delirios vaya a imputar a Ana Mato, ignorante de que la ministra es la autora del código ético del PP, que ahora piensa reformular para prohibirse a sí misma desayunar con el Pato Donald si es la Gürtel quien lo paga.
O instalan pronto los altavoces por las calles o nos dejaremos llevar por absurdos sentimentalismos. El pueblo debe indignarse por el trato humillante que está recibiendo Blesa. ¿A quién se le ocurre quemar vivo a un violador o robar un móvil de mierda, que ni siquiera sería un smartphone? Que se hubiesen comprado un banco.

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