domingo, 9 de junio de 2013

¡Por una Izquierda Unida de masas con un programa socialista!

La crisis del capitalismo español se está transformando en la descomposición del régimen político nacido tras la caída de la dictadura. La deslegitimación de las instituciones burguesas, desde la Corona hasta el Parlamento, desde la banca hasta la justicia, de los medios de comunicación, de la policía… es la señal del avance que sacude la conciencia de millones de trabajadores y jóvenes. Esta erosión de los pilares en los que se apoya la democracia burguesa española y su Estado, se está traduciendo también en una perspectiva hasta hace poco inverosímil: la posibilidad de que el PP y el PSOE obtengan los peores resultados electorales de su historia, incapaces de alcanzar el 50% de los votos entre las dos formaciones.
Rebelión social, crisis de la derecha y política de “unidad nacional”
Apoyándose en su mayoría absoluta parlamentaria y en la debacle electoral del PSOE, la dirección del PP se encuentra en plena ofensiva contra los derechos y las conquistas de la clase obrera. El resultado es apabullante, con el empobrecimiento de millones de personas, una tasa de desempleo histórica y la mayor desigualdad en décadas, a lo que se suman el desmantelamiento de los servicios públicos esenciales, la eliminación de derechos laborales conquistados en duras batallas y, por supuesto, el regreso a las cavernas ideológicas del nacional-catolicismo. Pero este tremendo sufrimiento infligido a la mayoría de la población ha provocado una respuesta en la calle de proporciones equivalentes. Movilizaciones masivas de empleados públicos, dos huelgas generales en 2012, mareas en defensa de la enseñanza y la sanidad públicas, lucha contra los desahucios… El movimiento desatado en estos dos últimos años es una auténtica rebelión social que ha desbordado a las direcciones sindicales y políticas de los trabajadores, provocando un terremoto político de largo alcance.
Esta es la razón de fondo que explica que el Partido Popular atraviese, a poco más de un año y medio de su “victoria”, una crisis asombrosa. Golpeado por los innumerables casos de corrupción y los escándalos sobre su financiación ilegal, con unas expectativas electorales que le sitúan al borde del hundimiento, el PP se encuentra recorrido por grandes contradicciones y enfrentamientos internos reflejando el grado de tensión alcanzado por la lucha de clases. Cuestionado en sus propias filas por los barones regionales, que se enfrentan por el reparto de una tarta cada vez más menguada; por Aznar y Esperanza Aguirre, que exigen más dureza y contundencia a la hora de aplicar una política antiobrera; por diarios como El Mundo, con su propia agenda política y sus propios intereses económicos, el presidente Mariano Rajoy parece un enfermo desahuciado que a duras penas logra mantenerse en pie. Pero ¿cómo es que un gobierno tan desgastado y cuestionado en la calle por la movilización de millones, que ha perdido una parte importante del apoyo que tradicionalmente recibía de las capas medias —empobrecidas por la crisis y las medidas gubernamentales— pueda plantearse sobrevivir y agotar la legislatura?
La respuesta a la pregunta es obvia. Lo que permite al gobierno del PP continuar existiendo es el oxígeno que le proporcionan Rubalcaba, Toxo y Méndez, su apuesta por una política de “unidad nacional” y paz social, que aunque no sancionada de derecho (los pactos que proponen no se han podido escenificar hasta la fecha), sí intentan llevar a cabo en los hechos. ¿Cómo es posible que con una tasa de desempleo que supera ya el 27% de la población activa (en el caso de los menores de 25 años del 57,2%), con dos millones de hogares con todos sus miembros en paro y una absoluta desconfianza de la población en que este gobierno vaya a resolver nada, los dirigentes del PSOE, de CCOO y UGT aboguen reiteradamente por pactos de Estado que sólo pueden significar un deterioro aún mayor de las condiciones de vida de la mayoría?
Cada día es más visible que la socialdemocracia no tiene ninguna alternativa coherente a la política del PP y por eso se resisten a un cambio de gobierno: no quieren quedarse desnudos enfrentándose a la tarea de llevar a cabo —con uno u otro matiz— el mismo tipo de política que hace la derecha. La dirección actual del PSOE acepta la lógica del capitalismo, se sienten parte de él y, por tanto, también son parte del problema. Las contorsiones de la socialdemocracia, de las cúpulas de CCOO y UGT revelan lo lejos que han llegado en su divorcio con la clase obrera y la juventud. Sus lamentos exigiendo unidad frente a Alemania, una orientación “expansiva” de la política económica, sus loas a Japón un día, sus exabruptos nacionalistas contra Merkel al siguiente, sus llamadas a una “alianza” con Italia y Francia, sus consejos para que el “crédito fluya”… evidencian su abandono completo de un punto de vista de clase, socialista, y su renuncia a cualquier demanda que cuestione el sistema capitalista. Se han convertido en consejeros de segundo nivel a los que pocos hacen caso.
La reunión que los secretarios generales de UGT y CCOO mantuvieron con Rajoy y la CEOE el jueves 16 de mayo en La Moncloa no pudo transmitir una imagen más patética. El propio Rajoy descartó un acuerdo global aferrándose a la reforma laboral y a todos los recortes que ha impuesto en un año, insistiendo en que saben lo que hacen. Eso sí, permitirá a los aparatos sindicales participar en “mesas de diálogo” sobre aspectos secundarios, asignándoles el papel de comparsas útiles de los ataques de la burguesía. De hecho, un día después de esta reunión Rajoy les dio una patada en los dientes aprobando la LOMCE, la reforma franquista de la enseñanza ¡Esa es la “voluntad” de diálogo de Rajoy en respuesta a las peticiones de CCOO y UGT!
Lo mismo se puede señalar respecto a la dirección del PSOE. Lejos de sacar ninguna conclusión de su derrota electoral en las generales, de sus resultados catastróficos en Catalunya y Euskadi, Rubalcaba sigue empeñado en dejar bien claro que es un líder confiable y que jamás alentará la caída del gobierno. Por si alguien tiene dudas, ahí están sus propuestas al PP para alcanzar seis grandes pactos de Estado o su petición de un “frente único” con Rajoy para lograr que la UE conceda al gobierno español un poco más de margen en sus exigencias de déficit público. Austeridad sí, recortes también, pero a un ritmo más aceptable, es lo que viene a decir Rubalcaba. Lo confirmó en la reciente reunión que mantuvo con el presidente de la CEOE, Juan Rosell, y que le llevó a manifestar su interés por “seguir explorando fórmulas [con la patronal] para hacer frente al desempleo y para garantizar el crecimiento en nuestro país”.
El PP y la burguesía, pese a la enorme presión que están soportando, se preparan con todas las consecuencias para la guerra de clases y los pactos ofrecidos por los dirigentes del PSOE, de UGT y CCOO no hacen más que animarles. En las semanas pasadas Rajoy presentó su Plan Nacional de Reformas ahondando en su política de recortes y atropello de derechos sociales conquistados. Nuevos ataques que se concretarán, tras las exigencias de la Comisión Europea, en una nueva degradación del sistema público de pensiones, reduciendo la cuantía de las mismas, aumentando la edad de jubilación y extendiendo los planes privados de jubilación (todo ello bajo el paraguas de las sugerencias planteadas por una supuesta comisión de expertos designada a dedo por el gobierno y compuesta por doce personas, nueve de ellas ligados a las empresas aseguradoras, la patronal y la banca). También en la merma de los subsidios de desempleo: el Gobierno ha dado ya instrucciones para que los nuevos demandantes del subsidio mayores de 55 años sean obligados a jubilarse anticipadamente a los 61 años, lo que les supondrá un recorte de entre el 18% y el 22% de su pensión futura. Aceleración de la privatización de sectores públicos (Correos, Renfe, etc.,) que se saldará con el despido de decenas de miles de trabajadores. Más impuestos indirectos y más recortes de los derechos sociales, como la ley de desahucios aprobada, que deja intacto el drama que sufren miles de familias, o el “proyecto de ley de fomento del mercado arrendatario” que limita el periodo de alquiler de cinco a tres años y las prórrogas de los contratos de tres a uno.
La lucha contra los recortes se convierte en lucha política contra el capitalismo
Las perspectivas son claras. Los capitalistas, el capital financiero, la Troika, y el gobierno del PP a sus órdenes, van a golpear a la clase obrera sin consideración alguna. En estas circunstancias, ¿qué puntos de apoyo entre los trabajadores, entre los jóvenes y los parados existen para una política de paz social, de “unidad nacional”? Obviamente muy pocos. La población sabe perfectamente que nada se puede esperar de acuerdos semejantes y, lo más significativo, la autoridad de los dirigentes del PSOE y de los sindicatos no es, ni de lejos, la que tenían en los años setenta cuando firmaron los Pactos de La Moncloa. Allí donde esta política se ha llevado a cabo de manera más intensa, como en Grecia, ha tenido como resultado un hundimiento económico mayor, más despidos, más recortes, más pobreza; ha quebrado a los partidos tradicionales precipitando una protesta social masiva que de tener un carácter defensivo contra los recortes ha pasado a cuestionar cada vez más abiertamente el sistema capitalista. En la práctica, la política de la “unidad nacional” ha revelado descarnadamente la incapacidad de la clase dominante de dirigir la sociedad hacia otra situación que no sea la de una catástrofe.
Toxo y Méndez también se han aplicado a la tarea de evitar la caída del gobierno y llevar a cabo, cueste lo que cueste, su esquema de “paz social”.  Después de la gran huelga general del 14N, intentaron volver al pasado, retomando con fuerza su estrategia de evitar la confluencia de los sectores en lucha, cortar la continuidad de la movilización, y llegar a acuerdos con la patronal para desactivar cuanto antes los conflictos de mayor envergadura. Vimos lo que sucedió en las huelgas de la limpieza en Sevilla y en Granada; en la huelga de Iberia, en el conflicto de Nissan, en Arcelor; en la desconvocatoria de la jornada de huelga del Metal en Catalunya del pasado 23 de mayo, los ejemplos son muchos. Por supuesto no quieren oír hablar de una nueva huelga general, pese a que las condiciones para ella son completamente favorables. En Euskal Herria, la huelga del 30 de mayo —a pesar del enfoque nacionalista de la mayoría sindical vasca— ha sacado a la calle a decenas de miles, confirmando la voluntad de lucha que existe entre la clase trabajadora.
En cualquier caso, el sabotaje de las cúpulas sindicales no ha significado una caída de la conflictividad y de la movilización social, al contrario, se ha acentuado su desautorización y se han visto más desbordados en la calle. La intensidad de las luchas que estamos viviendo y la perspectiva de que esta se acentúe, a pesar de los intentos de bloqueo de las cúpulas sindicales y la socialdemocracia, responde a causas concretas: los “colchones” sociales que amortiguaban los efectos más dañinos de la crisis están desapareciendo y la pauperización se extiende cada día a más sectores. En estos meses hemos vivido la explosión de la Marea Blanca en Madrid recuperando tradiciones clasistas muy importantes (asambleas masivas, acción directa, cajas de resistencia, participación de la población en unidad con los trabajadores del sector). Las luchas del sector educativo contra los recortes, los despidos y la LOMCE (en las que ha jugado un papel significativo la audacia y contundencia con que ha actuado el Sindicato de Estudiantes). La movilización extraordinaria de la PAH contra los desahucios, colocando esta cuestión en el centro del debate político y produciendo líderes naturales de excepcional valía, además de innumerables luchas sectoriales. Los datos oficiales señalan que en 2012 hubo 36.232 manifestaciones, el doble que en 2011, y esta línea ascendente continúa este año: en los tres primeros meses las manifestaciones han aumentado un 70% respecto a 2012.
Giro a la izquierda
Según una encuesta reciente de Metroscopia, el 73% de la población piensa que “España está al borde de un estallido social a causa del nivel de paro y de pobreza existente”, (El País, 20 de enero de 2013). Es una percepción correcta teniendo en cuenta que las recetas ofrecidas son un callejón sin salida para la mayoría. Cientos de miles de trabajadores y jóvenes son cada vez más conscientes de que, en las condiciones actuales, para obligar a los capitalistas a realizar concesiones serias se necesita quebrar su voluntad; y no se puede llegar a esto más que mediante una ofensiva revolucionaria que no puede desarrollarse bajo consignas económicas parciales. Los capitalistas ceden algo cuando están amenazados por el peligro de perder todo. Esta idea profunda se abre paso en la conciencia de amplios sectores de los oprimidos, proyectando la necesidad de actuar políticamente.
Son muchos los trabajadores y jóvenes que han salido a la calle contra los recortes y la política del PP, y que han pasado por una rica experiencia que les lleva a cuestionar la dictadura encubierta del capital financiero. Desde el estallido del 15M, hace ahora dos años, el aprendizaje ha sido evidente y la conclusión es cada día más clara: lo que falla es el sistema capitalista en su conjunto. Es lo que explica el crecimiento de Syriza en Grecia, del Front de Gauche en Francia y de las expectativas electorales de Izquierda Unida.
En la última encuesta publicada por El País el pasado 11 de mayo, el PP conseguiría, en estos momentos, el 22,5% de los votos ¡Prácticamente la mitad de lo obtenido en las últimas elecciones! Pero el PSOE lejos de rentabilizar esta coyuntura continúa su derrumbe, cosechando un mediocre 20,2%, el resultado más bajo de su historia. A la dirección del PSOE, empecinada en la política de “unidad nacional”, parece no importarle seguir el mismo camino que el PASOK en Grecia. Si además añadimos las declaraciones de algunos de sus dirigentes, no es difícil entender los resultados que dan las encuestas y cuál va a ser el foco de sus ataques más biliosos. Según la “líder” de Juventudes Socialistas, Beatriz Talegón: “No soy muy amiga de las teorías conspiratorias, pero ya en aquel momento de ir a las manifestaciones y las asambleas (15M) empecé a ver cosas que me hacían preocuparme, y ahora ya se dice con más fuerza: hay quien plantea que detrás de todo esto puede incluso que esté la derecha”. ¡Hay que ser una joven burócrata bien pagada para decir estas barbaridades! Qué se puede esperar de una dirección que elige como “regenerador” ideológico del partido a Ramón Jáuregui, quien recientemente en una charla del PSE en Bilbao afirmó arrogante que no había ninguna alternativa de izquierdas mejor que el PSOE, y se preguntó: “¿Cuál es el modelo de referencia que propone esa otra izquierda?, ¿el chavismo? (…) A veces me asusta el planteamiento alternativo a la democracia que se da en algunos movimientos sociales. No hay alternativa a la democracia representativa, no hay una democracia directa o asamblearia mejor”. (Público, 11/5/13).
Sí, es cierto, el riesgo de un estallido social está presente y lo saben muy bien personajes como Felipe González, que recientemente declaró al periódico El País: “De la crisis económica estoy seguro de que saldremos, aunque no estoy de acuerdo en cómo saldremos; de la crisis política e institucional ya no estoy tan seguro de que vayamos a salir. Esa crisis galopa hacia una anarquía disolvente”. Los socialdemócratas siempre se muestran como seguros baluartes del sistema precisamente cuando los trabajadores y la población en general actúan de manera directa en los acontecimientos, no delegan en sus señorías parlamentarias la defensa de sus intereses, y cuestionan abiertamente el fraude político que el capitalismo trata de ocultar tras las llamadas “instituciones”.
Cada día se comprende con mayor claridad que estamos ante una profunda crisis del capitalismo, y que las recetas que aceptan su lógica no valen nada. Y el movimiento de protesta se está reflejando ya en aquellas opciones que defienden de la manera más pública y consecuente el sentimiento de indignación, de furia y de rebelión que embarga a millones. En la encuesta anteriormente señalada, Izquierda Unida se sitúa en un histórico 16,6%, a 3,8 puntos del PSOE. En el caso de la Comunidad de Madrid las encuestan dan prácticamente un empate entre PSOE e IU, con un 20% de los votos cada uno, empate similar al que dan en Galicia. Otras encuestas hablan de un resultado cercano al 20-22%, incluso en Andalucía Izquierda Unida pisa los talones al PSOE.
Construir una Izquierda Unida de masas con una política socialista
La presión del movimiento que lucha en las calles se refleja en el avance electoral de IU, pero también en las posiciones y el discurso público de Cayo Lara que contrasta, cada vez más, con los argumentos de las direcciones de PSOE, de CCOO y UGT, algo que a su vez retroalimenta el apoyo que cosecha entre los trabajadores y la juventud. La dirección de IU ha planteado abiertamente la dimisión del gobierno y la convocatoria de elecciones; se ha implicado públicamente en un apoyo activo a las movilizaciones, y muchos activistas de IU han jugado y están jugando un papel relevante en la PAH y en las mareas. En el debate parlamentario han rechazado la estrategia de los Pactos de Estado, y han impulsado el Decreto sobre la Vivienda de la Junta de Andalucía que, en el actual escenario y a pesar de sus claras limitaciones, ha sido visto como un paso adelante que nadie se había atrevido a dar hasta entonces. No es extraño que el PP haya hecho de IU un blanco de su campaña de criminalización, junto a la PAH, el Sindicato de Estudiantes y otros movimientos sociales.
Obviamente las contradicciones en el discurso y en la práctica de IU existen y tienen que resolverse. No es coherente luchar contra los recortes del gobierno del PP y participar en un gobierno de coalición en Andalucía junto al PSOE, para aplicar recortes en los presupuestos de educación y enseñanza. Izquierda Unida no debería avalar con su presencia en este gobierno la política de la dirección del PSOE, debe romper con esta contradicción saliendo de este gobierno y poniéndose a la cabeza de la movilización social defendiendo una auténtica política socialista. Lo mismo se puede decir en el caso de Extremadura, donde la posición de la dirección extremeña de IU ha dado al PP la posibilidad de gobernar y llevar adelante sus medidas antiobreras. También hay que acabar con el “cretinismo parlamentario” que muchos dirigentes de IU tienen en aquellos parlamentos o ayuntamientos donde están presentes y gobiernan: la actividad en las instituciones sólo deber ser una caja de resonancia de lo más importante, que es la implicación decidida de Izquierda Unida en la lucha de clases, en las huelgas y conflictos obreros, en las movilizaciones de masas, en los barrios, en las universidades y en los centros de estudio.
Los marxistas de El Militante que defendemos las ideas del socialismo revolucionario en los sindicatos de clase, en el movimiento estudiantil y las mareas, apoyamos activamente el fortalecimiento de Izquierda Unida, su desarrollo como organización de masas y la convergencia con los movimientos sociales, tal como aprobó la X Asamblea Federal y las últimas resoluciones del Consejo Político Federal. Y pondremos todo nuestro esfuerzo en que este proceso cristalice en una alternativa revolucionaria con un programa socialista que luche por acabar con la pesadilla del capitalismo.
Izquierda Unida tiene una posibilidad histórica, no sólo para convertirse en una fuerza decisiva en el parlamento, sino para transformarse en una organización de combate por el socialismo, lo que exige ideas claras y basarse en la clase trabajadora, en su capacidad de lucha y de creatividad. Izquierda Unida debe dejar claro que no acepta la lógica de este sistema, que defiende la nacionalización sin indemnización de todo el sector financiero bajo el control democrático de los trabajadores y sus organizaciones. Que exige la expropiación del parque de viviendas propiedad de la gran banca para ponerlas en alquiler social. Que lucha por la anulación de todos los desahucios, en un proceso que debe estar bajo el control de la Plataforma de Afectados por las Hipotecas. Que se pone al frente de la movilización contra la reforma laboral, la reforma de las pensiones, la contrarreforma franquista de la enseñanza (LOMCE), y contra la privatización de la sanidad y la enseñanza públicas. Que encabeza las huelgas contra los despidos masivos y por la jornada de 35 horas sin reducción salarial, por un sindicalismo de clase, democrático y combativo…

Izquierda Unida debe señalar sin complejos que necesitamos otro tipo de sociedad, liberada de la dictadura que una minoría de grandes monopolios, multimillonarios y banqueros imponen a la inmensa mayoría, y que permita la auténtica democracia. Que la lucha por esta sociedad socialista no es una utopía bienintencionada, sino una necesidad urgente para preservar las conquistas de la humanidad. Ése es el camino para lograr la Izquierda Unida de masas que los trabajadores y los jóvenes queremos y necesitamos.

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