viernes, 27 de septiembre de 2013

DECRECIMIENTO COMO HERRAMIENTA POLÍTICA

Sin duda, la mirada política del decrecimiento tiene la virtud de abrir un espacio, un vivero de ideas teóricas y buenas práctica subversivas, recuperadas algunas e innovadoras otras, para entender, afrontar y transformar un futuro catastrófico cada vez más cercano.
Cada vez somos más quienes pensamos que ante una situación caracterizada por una crisis ecológica, económica, sociopolítica y de cuidados, los movimientos transformadores necesitamos encarar nuevas preguntas, nuevas respuestas y nuevos caminos para la acción.
Está permitido pensar de nuevo y, por ello, un creciente número de personas y movimientos están empezando a utilizar el decrecimiento no solo para vivir acorde con sus principios de simplicidad voluntaria, sino también para organizarse, reflexionar y aportar propuestas concretas de cambio colectivo. Una parte de los movimientos sociales han otorgado al decrecimiento un papel de herramienta política válida y eficaz que orienta un trabajo de lucha contra este capitalismo desarrollista y brutal basado en los mercados de futuro, el beneficio y la explotación de personas y cosas.
La suficiencia y el “menos para vivir mejor” son los lemas que el decrecimiento sostenible opone a la resignación del caos capitalista y sus crisis endémicas. En un planeta finito es necesaria la autolimitación para un “buen vivir”… de todo el planeta.
Sin duda, la virtud de la mirada política del decrecimiento es la de abrir un espacio, un vivero de ideas teóricas y buenas práctica subversivas, recuperadas algunas e innovadoras otras, para entender, afrontar y transformar un futuro catastrófico cada vez más cercano. Así, puede aportar elementos centrales para el futuro como:
  • Una reconceptualización de aspectos como el desarrollo, el trabajo o la riqueza, y una profundización y rescate de otros como la justicia social o la democracia radical, basados en las economías alternativas y el ecofeminismo.
  • Propuestas novedosas desde la justicia ambiental y las relaciones Norte-Sur centradas en un decrecimiento selectivo y justo de los países del Norte que elimine los efectos de la anticooperación, y un desarrollo socio-ecológicamente eficiente para los países del Sur.
  • La apuesta por modelos relacionales, de vínculo y lazo social, urbanísticos y energéticos como las ciudades en transición o las cooperativas integrales.
  • El valor de la coherencia entre el comportamiento individual y la acción colectiva, así como una necesaria revolución cultural: si el estado está perdiendo legitimidad, buscar respuestas comunes que hagan universales los derechos básicos.
  • Un puente entre sociedad y espacios de transformación social, y la creación de un nexo estratégico entre partidos, agentes sociales y movimientos verdes, anticapitalistas, feministas y ecosocialistas, rompiendo resistencias y prejuicios, desde la democracia de base.

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