martes, 25 de marzo de 2014

Las Mendoza, mujeres con nombre propio


Una exposición en Dávalos presenta este mes en el Palacio de Dávalos a las caras menos conocida de los Mendoza, sus mujeres. • El grupo de investigación Damas Mendoza está recuperando del olvido la obra de las mujeres de esta familia renacentista y las presenta como determinantes en el mecenazgo y sobre todo en la configuración urbanística de varias ciudades castellanas. • “Fueron sujetos de su propia historia que invirtieron energía y fortuna en obras definitivamente suyas”, defendía este miércoles la historiadora alcarreña Esther Alegre en una conferencia que abarrotó el salón de actos de la Biblioteca.

Las mujeres Mendoza no solo fueron esposas, madres o hermanas, sino que fueron constructoras, mecenas, poetisas, impulsoras de reformas espirituales… y, en su conjunto, vidas –a veces tan apasionantes como las de ellos– que reivindican protagonismo en la historia de unas de las familias más importantes de Europa durante el Renacimiento. Ana, Brianda, Mencía, Aldonza, Marta o Luisa son los nombres propios femeninos de una historia en la que también reivindican su aportación fundamental en la construcción de “la mayor élite señorial e ideológica de Castilla durante los siglos XV, XVI y XVII”.
El mensaje lo aportan y lo están intentando demostrar con datos y argumentos sólidos un grupo de investigadoras de la UNED llamadas a sí mismas ‘Damas Mendozas’, que asumen la deuda pendiente de “recuperar la memoria de estas insignes aristócratas”, en palabras de la directora de este grupo de historiadoras, Esther Alegre.
Dos de los más conocidos retratos de Brianda de Mendoza y Luisa de Carvajal.
Sus investigaciones conjuntas ya dan sus frutos y, con ellos, algunos datos sorprendentes de la vida de estas mujeres. Pronto verá la luz un libro editado por Diputación que recoge estas biografías; de momento, una exposición con paneles que presenta a los nombres más destacados está girando por la provincia y ha llegado ahora la capital, al Palacio de Dávalos, donde este miércoles impartieron una conferencia invitadas por la Asociación de Amigos de la Biblioteca.

Si conocida era por su extravagancia y magnetismo la figura de la Princesa de Éboli, ahora emergen otras biografías ricas en vivencias que restan excepcionalidad a la enigmática Ana de Mendoza, pero avanzan en la misión de estas historiadoras para rescatar de “los márgenes de la historia” las “vidas veladas” de unas “damas invisibles para la historia y borradas de la memoria”.
Las ‘damas constructoras’
Ante nada menos que un centenar de personas que abarrotaban el salón de actos del Palacio de Dávalos, la directora de este proyecto, Esther Alegre, ofreció unas pinceladas generales sobre esta “auténtica dinastía” que se expande por Castilla con el legado del Marqués de Santillana, que tuvo diez hijos que llegaron a adultos. Según relató la historiadora pastranera, cada uno de ellos inaugurará su casa nobiliaria, pero la red permanecerá como una “poderosísima organización” con enorme poder económico, político y “de coacción”, cuyos señoríos conforman así “nodos” por todo el reino.
Uno de los rasgos característicos de los Mendoza será precisamente su constitución como familia renacentista, importando el modelo italiano, de forma pionera en la Península Ibérica y en el resto de Europa, según Alegre. El papel de las mujeres en este entramado que salta de lo político y económico a lo cultural o espiritual no fue testimonial, según defienden estas historiadoras a partir de sus estudios. Surgen en este entorno unas mujeres ajustadas al modelo “ideal de la mujer aristócrata culta y refinada” que desde niñas aprenden latín y griego, se familiarizan con literatura clásica y espiritual –y tienen acceso a las más importantes bibliotecas de su tiempo–, estudian danza, canto y música y se familiarizan también con “materias prácticas como finanzas, leyes y política”. Por supuesto, son instruidas en las “normas de decoro en los entornos cortesanos”, todo lo cual las prepara para la vida nobiliaria en el momento del matrimonio, aunque, de forma casi indirecta, también las deja sobradamente capacitadas para emprender proyectos con sello propio. De ahí a que surjan algunas personalidades femeninas tan fuertes como Brianda de Mendoza o Luisa de Carvajal.
Hay un rasgo común en casi todas estas mujeres, según defienden estas historiadoras de la UNED, y es el modo en que su educación culta no sólo impulsa su papel de mecenazgo, sino sobre todo un papel muy activo en la configuración urbanística de diferentes localidades castellanas, como “damas constructoras”. De hecho, el Palacio del Infantado se convierte en “prototipo” de otros en Burgos, Peñaranda de Duero, Béjar o Pastrana, que en conjunto es también “paradigma de ciudad mendocina”.
La historiadora Esther Alegre, en la conferencia de Amigos de la Biblioteca, en Dávalos. / Foto: R.M.
Por todo esto, Alegre asegura que “si algo son estas mujeres Mendoza es damas constructoras” que “inventan y construyen la moderna ciudad renacentista”. Será el dato más relevante de casi todas ellas, además de su contribución a la reforma espiritual, participando de los cambios impulsados entre los franciscanos e incluso de algunas corrientes todavía menos ortodoxas como los alumbrados, tomada por herética y que tuvo en Guadalajara uno de sus principales núcleos expansivos.

Tal vez sean estos dos rasgos, su espiritualidad reformista y su inclinación urbanística, debidos ambos a su profunda formación y a su “tremenda capacidad de acción”, los que mejor definan, en opinión de Alegre, la personalidad de unas aristócratas “independientes y autónomas”, algunas de las cuales deciden no casarse porque ponen por encima de todo su interés por ser “sujetos de su propia historia” y que “invierten su energía y su fortuna en obras definitivamente suyas”. Rasgos de modernidad que se ajustaban muy poco a los usos de la época. 
Brianda: una mecenas moderna
Brianda de Mendoza y Luisa de Carvajal, que vivieron a principios y a finales del siglo XVI, respectivamente, son dos de los ejemplos más destacados de mujeres que reivindican una biografía propia, aunque hasta ahora hayan sus vidas hayan sido bastante desconocidas. La conferencia de este miércoles en la Biblioteca se paró en hacer un esbozo de ambas biografías.
La prueba más clara de este cierto desconocimiento en el caso de Brianda, incluso a pesar de la familiaridad del nombre, es que su retrato más conocido, colgado en el instituto que lleva su nombre, no le es fiel: ni muestra su verdadera cara (fue pintado tres siglos después de que muriese) ni su iconografía monjil representa exactamente sus actitudes y su obra, según la historiadora Montse Rodríguez.
Quien es hoy también conocida por fundar el llamado Convento de La Piedad fue, según los principales datos que trasladó esta historiadora en la conferencia, una mujer con una “educación exquisita”, en la que confluyeron dos ricas tradiciones (los Mendoza y los Luna), que rechazó el matrimonio y que se comportó más al modo de un un artistócrata varón que como una mujer de su época, dando rienda suelta a un “espíritu intelectualmente inquieto”.
Algunos de los paneles de la exposición de la Biblioteca, con biografías de mujeres de la familia de los Mendoza. / Foto: R.M.

Con 40 años era “rica e independiente” y dedicó su fortuna a adquirir inmuebles en el entorno del palacio heredado de su tío, Antonio de Mendoza. Esta señora “culta, refinada, de fuerte personalidad y capacidad de decisión” disfrutó de una activa vida social, se mezcló con ambientes religiosos próximos al erasmismo y a los alumbristas y fundó, con unas prisas sospechosas, el Beaterío y Casa de doncellas de La Piedad –y no, exactamente, un convento–. Fue esta una decisión que lleva a pensar a la historiadora Rodríguez que tal vez pudiese estar protegiendo mujeres que pudieran ser acusadas de herejía, acusación por la que fue juzgada incluso su gran amiga, María de Cazalla.
Uno de los rasgos más distintivos de Brianda de Mendoza, además como “pionera en España”, fue su mecenazgo “en el sentido moderno e italiano” con el artista Alonso de Covarrubias, desconocido cuando ella le contrata y que “siguió al pie de la letra” la construcción de la iglesia del conjunto conventual, según Rodríguez. Su relación no se remitiría a esta obra, sino que se prolongó en el tiempo al modo en que se ejercía el mecenazgo en el Renacimiento italiano.
La novelesca historia de Luisa de Carvajal
No menos impronta tiene el rastro de la vida de otra mujer con una biografía de aspectos novelescos y que está siendo estudiada por la historiadora Alicia Yela. Luisa de Carvajal y Mendoza ha sido hasta ahora más conocida como poeta mística, pero remitir su vida a los versos es quedarse cortos. Esta mujer nacida en 1566 vivió de niña en Cáceres, León, Madrid y Valladolid, queda huérfana con sólo siete años y a los 22 decidió vivir sola.
Muy influida por la poesía de San Juan de la Cruz y Santa Teresa de Jesús, y profundamente religiosa (hizo cuatro votos de pobreza), se comporta desde muy pronto con absoluta autonomía durante su juventud en Madrid: “se hace una mujer libre, que ha roto con todo lo que la ataba con este mundo”. Estaba ya en marcha su “transformación”: cuidaba a los pobres de los hospitales y se hacía cargo de recoger prostitutas “para escándalo de toda la nobleza”.
Ya en Valladolid, al entrar en contacto en el Colegio de San Albano de Valladolid con algunos ingleses católicos perseguidos en su país, toma conciencia de la problemática en torno al enfrentamiento religioso que vive toda Europa, en pleno proceso de disputa entre la la corriente luterana y la contrarreforma de Trento. Luisa de Carvajal, no sólo había renunciado al matrimonio, sino que trazó una vida independiente, que tuvo uno de sus principales episodios en su impresionante viaje por Francia hasta Londres, recorriendo 1.400 kilómetros. Tenía una misión que cumplir: predicar, convertir a los herejes. De modo que se lanzó a los caminos en una aventura que tiene muy poco que envidiar a cualquier historia épica protagonizada por una varón de su tiempo.
Los de Luisa de Carvajal y Brianda de Mendoza son, de este modo, dos retratos atípicos de la mujer en la historia, pero verdaderamente existentes a la luz de las últimas investigaciones y posibles, sobre todo, por una formación renacentista de las que la familia de los Mendoza fueron avanzacilla en España. En ese entorno culto, estas dos mujeres rechazaron el matrimonio y tomaron las riendas de su propia vida, aprovechando su exquisita educación, su fortuna y sus conocimientos no sólo para impulsar las artes (con el mecenazgo, la una; con la creación literaria, la otra), sino sobre todo para participar activamente de aspectos tan importantes de la vida social de la época como la reforma espiritual, aportando así estos nombres de mujer a la prolífica historia de los Mendoza.

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