viernes, 29 de agosto de 2014

Un siglo del maestro Cortázar

Tal día como hoy nació Julio Florencio Cortázar (Ixelles, Región de Bruselas, 26 de agosto de 1914 – París, 12 de febrero de 1984), el pequeño “Cocó” para su familia, maestro del relato para el común de los mortales, el genio.
“Mi nacimiento fue un producto del turismo y la diplomacia” declaró años más tarde, una suerte del azar que también marcaría el inicio y ocaso de su vida en Europa lejos de su patria Argentina.
Marcado por una infancia complicada – con apenas seis años su padre abandona la familia – Cortázar fue un niño de frágil salud que encontró en la lectura el bálsamo para su alma. Su madre le inició en los clásicos Julio Verne, Victor Hugo o Edgar Allan Poe inflamando sin saber la pasión de un incipiente escritor. Una dedicación por las letras que preservaría incluso hasta sus últimos días en el lecho enfermo a causa de la leucemia.
Considerado uno de los autores más originales y adelantados a su tiempo, emblema del Boom latinoamericano supo sorprender con la introducción de lo fantástico en la realidad cotidiana. Funambulista de las palabras que supo trasponer, crear un nuevo lenguaje y manejar a su antojo rompiendo con sentido las convenciones.
Una de sus primeras obras, el cuento “Casa tomada”, fue publicado en 1946 por el mismísimo Jorge Luis Borges entonces secretario de redacción de la revista porteña “Los Anales de Buenos Aires”. Pues a pesar de las manifiestas diferencias ideológicas – Cortázar era un activista de izquierdas mientras que Borges tenía el individualismo como credo político – su mutua admiración prevalecía frente a otros factores.
Precisamente harto del Peronismo Cortázar partió a Paris de forma definitiva hasta el punto de adoptar la nacionalidad francesa en 1981, “el escritor afrancesado” llamaban maliciosamente algunos de sus compatriotas argentinos.
A lo largo de su fructífera trayectoria dio vida a obras célebres como “El perseguidor”“Historias de cronopios y famas” o “Bestiario”. Pero si hay una que ha le valió su fama internacional por encima de todas fue “Rayuela” (1963) con traducciones en 30 idiomas diferentes.
La “contranovela” como solía llamar Cortázar marca un antes y después en el modo de entender la literatura. En un laberinto que ofrece al lector múltiples salidas, visiones de una misma novela; creando además un nuevo lenguaje, el glíglico, que comparten como juego exclusivo los enamorados.
Tal es la trascendencia de su legado que las historias de Cortázar llegan hasta nuestros días como perfecta adaptación cinematográfica. Este es propósito del cineasta Julio Ludueña, quien además tuvo la fortuna de conocer personalmente a Cortázar.
Ahora las “Historias de Cronopios y de Famas”, dan el salto al cine – ya ganó el Segundo Premio Coral de Animación Festival Internacional de La Habana – honrando en animación la figura de la leyenda centenaria.
Cristina Grao Escorihuela
Redacción
Fotografías de la exposición "A LA SOMBRA DE RAYUELA" del Colectivo Arttefacto

Leer más: 

No hay comentarios:

Publicar un comentario