viernes, 19 de septiembre de 2014

La cooperación puede más que competir

“Hace mucho más ruido un árbol que cae que cientos que crecen”
(Álex Rovira)
Parece ser que existe una tendencia muy generalizada de la población a pensar como algunos analistas de nuestra época, que desde los medios de comunicación, escuelas y universidades, se afanan en convencernos de que en nuestros tiempos de revolución tecnológica y evolución del sistema económico, el ser humano está obligado a ser competitivo para triunfar.
Según Diego Sánchez Meca (Filósofo y Profesor en la UNED) nuestra sociedad no puede funcionar sin valores. Los valores y sus significados –añade- no pueden quedar aislados o relegados al plano de las subjetividades individuales. Y en una sociedad avanzada tecnológicamente, es de inteligentes darse cuenta de la función imprescindible de los valores, ya que estos no pueden ser sustituidos por simples intereses.
Algunas máximas destacables para reflexión en las conferencias de Álex Rovira (economista y escritor catalán) sobre los valores, nos hacen pensar con confianza y fiabilidad en que no todo está perdido, y que la cooperación en las sociedades a grandes y pequeñas escalas, son mucho más beneficiosas que las competitividades agresivas para lograr el bien individual:
- La psicología tiene un impacto directo en la economía.
- Una crisis nos obliga a dejar de tener para poder ser.
- Si no es para dar soluciones más vale no hablar de la crisis.
- Hay una relación directa entre pesimismo y holgazanería.
- La crisis actual no es de crecimiento, sino de estafa y mala gestión.
Un ejemplo geográfico de que la cooperación es más beneficiosa que la competición se sitúa en Shenzhen, ciudad china, que en el año 1979 fue declarada “Zona Económica Especial”. Este acertado nombramiento, trajo consigo inversiones de capital nacional tanto como extranjero.
Es curioso el hecho de que siendo uno de los principales fabricantes de tecnología (donde se fabrica a bajo costo) gracias a un ecosistema especial que no es competitivo, exista un auténtico mercado, en el cual, reciclan todo lo inservible y venden piezas que sí valen, para fabricar nuevos teléfonos o computadoras. Más curioso si se piensa que hace sólo 30 años, era una ciudad pesquera pequeña e insignificante en el mapa.
Existen otros casos geográficos, esta vez con crisis económica de fondo, donde la cooperación jugó un papel importante: Argentina en el año 2001, fecha en la que fue metida en el famoso corralito. El trueque entre los vecinos fue un método eficaz de ayuda para el bien común. Y también los procesos de recuperación de empresas por parte de los trabajadores.
Fábricas que los empresarios habían cerrado por lo que llamaron crisis, y que las volvieron a abrir los mismos trabajadores que dejaron en el paro. Ellos las gestionaron en forma asamblearia y llegaron a ser más productivas, satisfaciendo todas las necesidades de las familias. Anteriormente fueron llevadas a la ruina por la competitividad empresarial.
Podría resumirse todo en las soluciones contenidas en el libro de Christian Felber “La economía del bien común”. Su síntesis es que los valores sobre los que se asientan el modelo para poner freno a la desigualdad social, a la destrucción medioambiental, a la pérdida de sentido y a la democracia que reina en nuestros días son: la dignidad humana, la solidaridad, la justicia social y democrática y la sostenibilidad ecológica.

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