viernes, 15 de mayo de 2015

Contra la discriminación racial. Albino Gómez

El racismo, ese veneno que corroe a las sociedades.
La verdad es que el tiempo parece no pasar para ciertos temas, como bien lo demostró la demoledora tapa de la revista Time en la que una foto de las revueltas recientes por el asesinato de un joven negro a manos de la policía, podría confundirse con una imagen de archivo de 1968, que yo recuerdo muy bien por haber vivido entonces en Washington DC, como diplomático de nuestro país ante la Casa Blanca, cuando las multitudes fuera de sí, se lanzaron a la calle por el asesinato de Martin Luther King, quemaban negocios y casas en sus propios barrios y hubo toque de queda durante una semana, nada menos que en ciudad Capital de los Estados Unidos. Yo, que recién llegaba de la Sudáfrica del “Apartheid”, con Mandela preso, no lo podía casi creer.

Pero antes de llegar a lo que está ocurriendo hoy, quiero recordar que ya a comienzos de 1982, científicos de 18 países, en un simposio que organizó la UNESCO en Atenas, declararon que las teorías racistas no eran tanto nulas como carentes de sentido.

Los especialistas, procedentes de Alto Volta, Costa de Marfil, Cuba, EE.UU., Francia, Grecia, Hungría, India, Israel, Japón, Líbano, Marruecos, México, Noruega, Senegal, Suiza, Túnez y la entonces Unión Soviética, expresaron que, cualesquiera que fuesen las diversidades comprobadas, la biología no permitía en modo alguno establecer una jerarquía entre los individuos y las poblaciones, sobre todo teniendo en cuenta que en realidad ningún grupo humano poseía un patrimonio genético constante.
Al referirse a las técnicas de medición que algunas ciencias prepararon para caracterizar la actividad intelectual de hombre, se señaló que elaboradas dichas técnicas para comparar a los individuos en el seno de una misma población, ellas no podían -por definición- emplearse en forma valedera para cotejar distintas poblaciones entre sí. Y que, con mayor razón, todo juicio de valor sobre las capacidades intelectuales de tal o cual grupo basado en dichas mediciones carecía totalmente de fundamento. Además, la complejidad de la interacción entre factores biológicos y los culturales, quitaba todo sentido a la cuestión de la parte que correspondía respectivamente a lo innato y a lo adquirido.
En consecuencia, era inadmisible y carente de fundamento científico utilizar los resultados de las pruebas psicológicas y, en especial, el cociente intelectual, con los fines del ostracismo y la discriminación racial.
El grupo de científicos, que incluía historiadores, filósofos, filólogos, genetistas, antropólogos, juristas y sociólogos, señaló que en el complejo fenómeno del racismo intervenían múltiples factores económicos, políticos, históricos, culturales, sociales y psicológicos, y que no era posible combatirlo con eficacia sin intervenir sobre dichos factores. Porque a menudo, el racismo constituía el instrumento que utilizaban ciertos grupos para afirmar su poder político y económico, sirviéndose del “apartheid” o el genocidio. En tal sentido, cabe recordar que la UNESCO impulsó siempre la investigación científica de las teorías racistas, y que sus publicaciones de 1950 sobre el tema, llevaron a Sudáfrica a abandonar la organización. Claro está, con Mandela entonces preso.
Las personas reunidas en Atenas hicieron su declaración en forma de un llamado dirigido a los pueblos del mundo y a cada ser humano, para que basaran sus actitudes y conductas en las conclusiones de encuentro que, como señalaron, representaba el estado del conocimiento científico en la cuestión racial, de ese tiempo.
Concluyendo que toda investigación científica, sobre todo en la esfera de las ciencias del hombre y de la sociedad, debía ajustarse al respeto de la dignidad humana.
Pero lamentablemente, vemos hoy, en el 2015, es decir 33 años después de dicho llamado internacional, si bien pudo concluirse con el “apartheid”, tal vez el único gran logro, la saga de violencia que acaba de estallar nuevamente en Baltimore, como antes en Ferguson o Cleveland, muestra que a pesar de los muchos avances obtenidos respecto de los derechos de la población afroamericana en los Estados Unidos, todavía gran parte de su ciudadanía blanca, mantiene prejuicios raciales que de tanto en tanto, y ominosamente, explotan.
Albino Gómez
Periodista, escritor y diplomático
Publicado en: Clarín

No hay comentarios:

Publicar un comentario